Blogidiom. Un espacio para mantenerte informad@. Tu asiento de ventanilla.

1. abr., 2015

Obviamente, no se trata de espíritu aventurero, al menos en este caso. Cuando alguien, independientemente de las circunstancias que describen su situación personal en un momento dado, y por los motivos que fuere, se ve en la imperiosa necesidad de trasladarse a otro lugar de residencia, siempre deja atrás alguna raíz, difícil de trasplantar, que ha de dejar secar por no poderla regar con su presencia. Olores, sabores, visiones regadas de la savia del recuerdo, amores, aficiones... Incluso de una isla a otra, porque escribo desde Canarias. Más aún de Canarias a la Península. Y qué decir, cuando se trata de alargar la raíz hasta algún otro país, intentando evitar por todos los medios que la distensión del olvido y la distancia no la rompa.

Es inevitable. La lágrima es difícil de frenar. Alguna de esas raíces se ha roto. Pero el pañuelo es la esperanza (gran palabra), la ilusión (otra) y el hecho incontestable de que algo se obtendrá de esa experiencia, de ese nuevo viaje por la vida.

Si de algo sirve el haber viajado y permanecido en un país extraño, ya sea temporal o permanentemente, es que tu percepción de las cosas y la capacidad de analizarlas, sobre todo las nuevas para ti, se abre cual ventana, con una de las hojas cerrada hasta ese momento. Y mira por dónde, al crear raíces en tu nuevo destino, riegas, sin darte cuenta, aquéllas que dejaste atrás, y mantienes su recuerdo con renovado cariño.

Quizá de algo sirva ese paréntesis abierto, cuyo cierre se puede producir, o no, en tu distante residencia. Quizá sirva para ese devenir tu experiencia vital, tus raíces, al fin y al cabo. Porque de esa experiencia pasada, y del injerto que supone su combinación con la futura, es de donde surge tu capacidad de ser mejor, de ser una persona innovadora y creativa, en un mundo de ventanas cerradas, en el que el progreso deja de serlo y regresa de vuelta porque nunca existió la oportunidad de ver otros jardines, con otras raíces.

Ese será tu valor añadido vital: eres una persona creativa, de mente despierta y abierta, innovadora, emprendedora... Porque un día viajaste en avión, hacia tu futuro, abriendo ventanas hacia nuevas experiencias, y creando raíces de savia nueva, regadas de recuerdos.